Un caso clínico muy corto en el que se ejemplifica como un mal tratamiento y un mal trato profesionales puede cronificar la DPDR en un paciente a causa del desconocimiento de la condición.
Caso reportado desde el National Health System (NHS), el Sistema de Salud Público de Reino Unido y publicado por Cambridge University Press: 20 de junio de 2025

Una estudiante de bachillerato de 18 años presentaba un historial de dos años de episodios frecuentes en los que su entorno, incluyendo personas y lugares familiares, le resultaba irreal.
Estos episodios variaban en duración y eran muy angustiantes, sobre todo durante estados emocionales extremos como euforia o estrés intenso. Los síntomas se acentuaban por las tardes o cuando estaba ociosa, lo que le provocaba crisis emocionales.
A pesar de estas experiencias, mantenía la consciencia de su propia realidad, con alteraciones centradas en percepciones externas. Sus síntomas comenzaron tras una hospitalización psiquiátrica de nueve meses.
Antes del ingreso, experimentó síntomas gastrointestinales inexplicables y, ante la ausencia de una causa física identificable, se le diagnosticó trastorno de conversión.
La hospitalización fue angustiosa debido a los frecuentes procedimientos invasivos, la sensación de culpabilización por su condición y la sensación de estar atrapada (vamos más que angustiosa es que la traumaron )
Posteriormente, desarrolló trastorno de estrés postraumático (TEPT), caracterizado por recuerdos intrusivos, pesadillas y evitación de entornos médicos. Sin embargo, los síntomas de DPDR persistieron fuera de los episodios de reexperimentación relacionados con el TEPT, causando malestar y deterioro continuos.
Discusión
Este caso pone de relieve la compleja interacción entre el trastorno despersonalización/desrealización (DPDR) y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), especialmente tras un trauma médico.
Si bien los síntomas disociativos son frecuentes en el TEPT, la CIE-11 distingue el DPDR como un trastorno diferente cuando los síntomas persisten más allá de los episodios de reexperimentación.
En este caso, la hospitalización prolongada del paciente, junto con la invalidación percibida y las intervenciones invasivas, probablemente contribuyeron al desarrollo del DPDR como una respuesta disociativa desadaptativa.
La exacerbación de los síntomas durante los extremos emocionales concuerda con investigaciones que indican que la disociación puede funcionar como un mecanismo de regulación afectiva.
La disociación relacionada con el trauma se ha vinculado a alteraciones en el procesamiento emocional, lo que puede interferir con las estrategias de afrontamiento adaptativas.
Esto subraya la importancia de las intervenciones psicológicas específicas para reducir el malestar y mejorar los resultados funcionales.
Un enfoque multidisciplinario y sensible al trauma es esencial para abordar la compleja situación de esta paciente.
Las intervenciones psicológicas, como la EMDR o la TCC centrada en el trauma, deben integrarse con la atención médica continua para tratar tanto los síntomas disociativos como los problemas de salud física.
La gestión colaborativa entre los equipos psiquiátricos y médicos será crucial para promover la recuperación a largo plazo, fortalecer su resiliencia psicológica y mejorar su calidad de vida en general.
Básicamente, el tratamiento profesional de quienes la atendieron le generó TEPT y DPDR, lo que demuestra que algunos profesionales desconocen las manifestaciones disociativas más allá de lo que sale en los manuales diagnósticos
Existen instrumentos de cribado como la DES – Escala de Experiencias Disociativas, pero o bien se tira por psicosis o no se aplican

